¡Dios mio, Dios mio! ¿Dondé estás que no te veo?

 


Una vez me dijeron, te puedes dar el título que quieras, pero lo que importa es la llenura del espíritu santo.

Solo quise comentarlo, aunque puede tener mucha relación, con lo que vas a leer a continuación, aun así no tiene relación.

Tal vez el título de este post, te es familiar por un dialogo de una obra tan conocida por el escrito William Shakespeare, aunque no tiene nada que ver la historia de estos dos chicos enamorados, me gusto esa frase, "Dios mío, Dios mío, ¿Dónde estás que no te veo?".

A lo largo de mi trayectoria como cristiano, he quedado varado, he sido un náufrago, ahogado en un mundo de situaciones, donde solo puedo sobrevivir por mi cuenta, porque Dios está ausente, al menos eso es lo que yo creía, por mucho tiempo me vi familiarizado con la historia de los 40 años vagando en el desierto, en un va y ven emocional con mi relación con Dios, es más puedo asegurar que yo era la persona toxica de la relación, en donde solo yo exigía, pero no cedía.

Durante mucho tiempo me vi expuesto a filosofías cristianas, que favorecían mi estilo de vida, en donde quise aceptar "los pecados no afectan a Dios", "los pecados solo son reglas para no tener consecuencias feas, pero si no tienes excesos todo está bien", "todo me es licito, pero no todo me conviene, entonces no está mal que haga todo esto", el asunto es que no solo las creía y las vivía, las predicaba y las aconsejaba.

Lo primero que hay que dejar claro, es que el pecado es pecado, no hay duda de ello, ¿Qué todos tiene el mismo peso ante Dios?, si eso es una verdad, ¿Qué naturalmente somos pecadores? si, solo cuando no hemos aceptado nuestra identidad como hijos de Dios (es como el que ha pasado el examen de admisión de su universidad favorita, puede que sea admitido, pero si el no lee la carta de bienvenida, el jamás sabrá que es parte de esa familia académica, entonces no va saberse como un estudiante de esa casa de estudios) y una vez que hemos reconocido esta verdad de que somos hijos de Dios, no podemos hacernos lo occisos ante el tema, tendemos a justificarnos o "arrepentirnos" pero al saber que somos perdonados, nos damos el lujo de volver a caer, y tampoco se trata de una hacernos los mártires, Dios nos ha llamado a vivir en un gozo, un gozo obtenido por la gracia de Dios por medio de su hijo Jesucristo, recordada constantemente por su presencia, el espíritu santo.

Entonces, una vez que entendemos el pecado, como algo que nos afecta como un cáncer o una enfermedad, cada pecado es un virus, o una enfermedad, podemos estar expuestos en menor o mayor medida, pero naturalmente puede causarnos un deceso por descuido, vamos, es como esas pequeñas reglas en casa de no caminar con los pies descalzos, uno creería que es porque los pies se ensucian o el piso, pero es porque nos exponemos a una enfermedad referencia al sistema respiratorio, cuando mamá te dice que no te duermas con el cabello mojado, todas estas reglas son para nuestro bien, es igual las ordenanzas de los 10 mandamientos, son solo 10 reglas que cuidan nuestra vida espiritual, claro que hay una forma de encontrar la salud, y es ir con el médico, pero antes de ir con el medico uno debe de reconocer que está enfermo o que no se encuentra bien.

Entonces acabo de tener esa epifanía, que la razón por la cual no he experimentado a Dios, no es porque él no este, si vemos la escena desde una perspectiva más amplia, él era el que insistía en mi salud espiritual, él era el que me recordaba que ahí estaba, al final Dios es una figura paternal, y si lo vemos desde esa perspectiva, indiferentemente de como sea nuestra relación con nuestros padres por ADN o por adopción, indiferentemente de que ellos no cumplan las expectativas de nosotros como padres, al final siempre están ahí (siempre y cuando sea en el tema de padres responsables) ¿Qué te ha faltado? tal vez existieron momentos complicados, pero lo más necesario lo cumplieron, entonces de igual manera, Dios siendo perfecto como padre, siempre ha cumplido, Él ha cumplido con su palabra, con sus promesas, indiferentemente de que nosotros no cumplamos las expectativas de Dios, porque aunque Dios sea el dueño de la verdad, el decide creer en nosotros sin importar cuantas veces lo desilusionamos, porque él siempre nos va amar.

Ahora cuando comienzo a ver a Dios como un padre de verdad, de que esta en mi honrarlo más por un bien a mi vida, que porque tengo que cumplir reglas que solo me generan incomodidad, todo tiene un razón ¿cuáles son? hay que consultárselo a Dios.

 

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