Aún estamos enojados con Jesus
2Al día siguiente, al amanecer, Jesús regresó al templo. La gente se acercó, y él se sentó para enseñarles. 3Entonces los maestros de la Ley y los fariseos llevaron al templo a una mujer. La habían sorprendido teniendo relaciones sexuales con un hombre que no era su esposo. Pusieron a la mujer en medio de toda la gente, 4y le dijeron a Jesús:
—Maestro, encontramos a esta mujer cometiendo pecado de adulterio. 5En nuestra ley, Moisés manda que a esta clase de mujeres las matemos a pedradas. ¿Tú qué opinas?
6Ellos le hicieron esa pregunta para ponerle una trampa. Si él respondía mal, podrían acusarlo. Pero Jesús se inclinó y empezó a escribir en el suelo con su dedo. 7Sin embargo, como no dejaban de hacerle preguntas, Jesús se levantó y les dijo:
—Si alguno de ustedes nunca ha pecado, tire la primera piedra.
8Luego, volvió a inclinarse y siguió escribiendo en el suelo. 9Al escuchar a Jesús, todos empezaron a irse, comenzando por los más viejos, hasta que Jesús se quedó solo con la mujer. 10Entonces Jesús se puso de pie y le dijo:
—Mujer, los que te trajeron se han ido. ¡Nadie te ha condenado!
11Ella le respondió:
—Así es, Señor. Nadie me ha condenado.
Jesús le dijo:
—Tampoco yo te condeno. Puedes irte, pero no vuelvas a pecar. | Juan 8:2-11 TLAI
¿Pero y si los pecados que tanto te asustan en otras personas, no son tan desagradables para Dios, como el hecho que quieras tomar su lugar como juez? ¿Da miedo la idea, no? Ver como Jesús solo interactuó en defensa del "pecador" y en contra del que señalaba.

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